El CO₂ procedente del biogás y de procesos industriales puede purificarse y licuarse, transformándose de emisión en recurso. El sistema Biomatik CCS demuestra cómo es posible reducir drásticamente los contaminantes y obtener CO₂ de calidad alimentaria. Un proceso que combina sostenibilidad, eficiencia y nuevas oportunidades económicas.
El desafío climático actual nos obliga a replantear el papel del CO₂. Durante mucho tiempo, el dióxido de carbono producido por plantas de biogás o por los gases de escape industriales se ha considerado un subproducto inevitable, destinado a dispersarse en la atmósfera o a almacenarse en el subsuelo. Hoy, sin embargo, la tecnología nos permite mirar este gas desde otra perspectiva: ya no como un problema, sino como un recurso que puede recuperarse y valorizarse.
En las plantas de biogás, la biomasa orgánica genera una mezcla compuesta principalmente por metano y CO₂. Mientras el metano se concentra y se transforma en biometano, el CO₂ puede capturarse y someterse a procesos de purificación que eliminan impurezas y compuestos no deseados. Una vez licuado, este “BioCO₂” puede alcanzar, mediante procesos específicos, altos estándares de calidad hasta nivel food‑grade, lo que lo hace apto para numerosos sectores: desde la industria alimentaria y de bebidas hasta la producción de hielo seco, así como aplicaciones agrícolas y farmacéuticas.
El mismo principio se aplica a los gases de escape de los procesos industriales. A través de sistemas de captura dedicados, el CO₂ se separa de los demás gases, se purifica y se licua. De este modo se reducen las emisiones y se promueve un modelo de economía circular, donde lo que antes era un residuo vuelve a integrarse en los ciclos productivos.
Resultados concretos: Biomatik‑CCS
La eficacia de este enfoque queda demostrada por la instalación del sistema Biomatik‑CCS en una planta industrial de Portugal. Antes de la instalación de nuestro sistema, los gases de escape contenían un 15,6% de CO₂ y niveles elevados de impurezas como SO₂ (23,1 ppm), COS (35,5 ppm) y HCN (5 ppm), valores superiores a los límites establecidos por las normas internacionales (EIGA/ISBT).
Tras la implementación de Biomatik‑CCS, los resultados fueron claros y evidentes. La concentración de CO₂ en los gases descendió al 0,8%, mientras que los compuestos nocivos se redujeron drásticamente: SO₂ a 0,1 ppm, COS a 0,37 ppm y HCN a 3 ppm. Las características físicas de las emisiones también cambiaron significativamente: la temperatura de la chimenea pasó de más de 440°C a solo 40°C, y el caudal volumétrico se redujo de 17.444 m³/h a 7.300 m³/h.
Estos resultados demuestran no solo una reducción drástica de los contaminantes liberados a la atmósfera, sino también la posibilidad de recuperar CO₂ en una forma que cumple los requisitos más estrictos de la industria alimentaria. En otras palabras, lo que antes representaba una carga ambiental puede transformarse hoy en un producto de valor.
El valor de este proceso no es únicamente ambiental. El CO₂ líquido es un producto comercializable, demandado por diversos sectores y capaz de generar nuevas oportunidades económicas. Es la prueba de que sostenibilidad y eficiencia pueden convivir, convirtiendo la reducción de emisiones en una ventaja competitiva.






















